La historia del vino y las cuevas en Tomelloso

Cueva Perales Tomelloso

La historia del vino y las cuevas en Tomelloso se remonta hasta hace más de 200 años, cuando la localidad se convirtió en un proveedor de vino muy importante para España y el extranjero.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, debido a la plaga de filoxera que asoló los cultivos vinícolas en Europa, la producción de vino se vio muy mermada y provocó un desabastecimiento de este producto a gran escala. En nuestro país, aunque también sufrimos esta plaga, nuestros viñedos soportaron de una mejor forma las consecuencias, lo que convirtió a La Mancha en un punto de producción y abastecimiento clave en el mercado.

La gran demanda de vino comenzó a transformar la localidad, que se dedicó en cuerpo y alma en aprovechar la oportunidad y evolucionar gracias a estas circunstancias. En este marco se comenzaron a construir las famosas ‘cuevas’, lugar donde los tomelloseros elaboraban y almacenaban el mosto que después se convertiría en vino. Estas cuevas se construían en el subsuelo de las propias casas de los productores y, gracias a la naturaleza caliza del suelo, no se derrumbaban. Al estar bajo tierra, las condiciones de temperatura eran las ideales para el vino, manteniendo este en las mejores condiciones para su almacenaje.

Como datos más técnicos, podemos decir que la superficie media de las cuevas es de unos 100 m2. La profundidad media se encuentra en torno a los 7-8 metros y la temperatura media anual no varía mucho, oscilando entre los 10 y 19ºC, con una humedad relativa entorno al 40%. Para facilitar la entrada de luz y aire, las cuevas disponen de unas aberturas al exterior, llamadas “lumbreras”, posibilitando de esta manera la ventilación y salida a los gases producidos por la fermentación. Se estima que en el s.XX el número de cuevas que había en Tomelloso rondaba las 4.000.

El recipiente típico encargado de contener el vino se llama tinaja, compuestas originariamente de barro, cuya capacidad oscilaba entre más de 100 litros a otras que rebasaban los 16.000. En ellas tendría lugar todo el proceso de fermentación del vino. Durante esta etapa era frecuente el peligro de formación de CO2, llamado “tufo”, de ahí  la instalación de ventiladores para la aireación de la cueva. Como medidas de precaución se entraba en ellas con los candiles encendidos para comprobar la existencia de oxígeno, si este se apagaba indicaba la imposibilidad de seguir bajando a la cueva.

Aunque el número de cuevas ha descendido en las últimas décadas, hoy en día siguen siendo aún muchísimas las que podemos encontrar en Tomelloso y algunas se pueden visitar para disfrutar de primera mano los métodos tradicionales de la elaboración del vino.

Con motivo de la celebración del XXX aniversario de Vinícola de Tomelloso, se decidió crear un vino exclusivo, de edición limitada: el Pico y Brazo, que pretende rendir homenaje a El Picador y La Terrera, como representación de todos los hombres y mujeres que dedicaron su tiempo en construir las cuevas tan icónicas de nuestra localidad.

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¿Cómo evoluciona el vino en la barrica?

Evolución vino barrica

La evolución del vino en la barrica es una de las fases más características en el proceso de elaboración del vino, sobre todo del vino tinto. Durante su estancia en ella, el vino sufre transformaciones que le dotan de sabores, olores y condiciones únicas. Para explicar con más detenimiento este proceso, es necesario responder a varias cuestiones: ¿por qué se almacena en este recipiente?, ¿qué le aporta?, ¿es o no imprescindible?

En primer lugar, es necesario apuntar en qué momento el vino ha de entrar en barrica. Dentro del proceso de elaboración del vino, este ya ha sido fermentado y ha pasado todos los procesos necesarios para su consumición, por lo que hemos de apuntar que esta fase se hace exclusivamente para dotar al vino con las propiedades especiales que solo puede obtener en barrica. Estas son un agente especial que proporciona sabores y aromas únicos, que de otra forma no sería posible conseguir.

La barrica es un recipiente compuesto de roble y su naturaleza, antigüedad o procedencia son algunos de los factores que determinarán el resultado final del vino. En definitiva, el propio enólogo y la bodega eligen la barrica perfecta para el vino que se desea obtener. Los dos tipos de roble más extendidos son el americano y el francés, el primero ofrece unos vinos más aromáticos y el segundo, más finos. Además, otro aspecto destacable es que las barricas para que consigan su forma redondeada, se calientan (tuestan) y ese proceso también deja impronta en el vino.

Ya en la barrica, el vino comienza a experimentar más cambios gracias al contacto progresivo con el oxígeno. Este hecho es gracias a los poros presentes en la madera del roble, que dejan pasar el aire en cantidades muy pequeñas (microoxigenación) y ese proceso lento va suavizando el sabor del vino poco a poco, haciéndolo más rico de beber. En función del tiempo que el vino pase dentro de la barrica (de menos a más), este será categorizado como joven, roble, crianza, reserva o gran reserva.

Esta clasificación permite a los consumidores identificar rápidamente qué tipos de vinos prefieren, ya que cada uno tiene unos sabores, aromas y cuerpo propios gracias al grado de evolución. Cada Denominación de Origen en España dicta sus tiempos, por lo que un vino gran reserva en un punto de nuestro país no tiene por qué haber pasado el mismo tiempo en barrica que el de otro lugar.

En conclusión, la barrica es un elemento que no es imprescindible para elaborar el vino, pero sí para elaborar determinados tipos de vino, ya que los vinos tintos envejecidos en barrica no podrían ser posibles sin este proceso. Esto permite que podamos contar con un abanico de oportunidades inmejorable para disfrutar de todo tipo de sabores, aromas y experiencias gracias a todos estos agentes que ayudan a lograr vinos deliciosos. En nuestra bodega, puedes disfrutar de nuestra línea Torre de Gazate, que cuenta con vinos roble, crianza, reserva y gran reserva, todos ellos galardonados y reconocidos a nivel internacional.

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Así elaboramos el vino espumoso Mantolán Brut Nature

El vino espumoso Mantolán Brut Nature, creado artesanalmente a partir de las variedades de uva Macabeo y Chardonnay, se coloca como uno de los vinos referencia en nuestro país, especialmente en épocas señaladas como Navidad, donde el consumo de este tipo de vino es más común.

La elaboración de un vino espumoso tiene, a grandes rasgos, dos etapas: la preparación del propio vino y, después, la segunda fermentación que le proporciona esas propiedades únicas.

Mantolán Brut Nature

Vino espumoso Mantolán Brut Nature

La primera etapa es recorrer todos los procesos de vinificación convencionales: la uva llega a la bodega y se estruja, generando una masa que contiene elementos líquidos y sólidos de la misma. Tras ello, en función del tipo de vino que se desee elaborar, se llevará esa masa a una prensa para separar el zumo de uva (o mosto) de la piel, la pulpa y las pepitas. El siguiente paso consistiría en la maceración y posterior fermentación. La fermentación es el proceso en el que se transforma el azúcar de la uva en alcohol y esta tarea la llevan a cabo las levaduras naturales existentes en el propio fruto, el ambiente o, también, levaduras extra el polvo que las bodegas añaden al vino para tener un mejor control en el proceso y, en consecuencia, el resultado final del vino. Por último, una vez hemos obtenido el producto y se le aplican los procesos finales de vinificación, ya podríamos hablar que tendríamos un vino apto para la comercialización.

La segunda etapa para la elaboración del espumoso consiste en realizar una segunda vez el proceso de fermentación. Una vez hemos elaborado el ‘primer vino’ y este se ha embotellado, se le vuelve a añadir azúcar y levaduras, se cierra herméticamente y se deja fermentar de nuevo. Durante esta fase, se generan gases que quedarán encerrados en la botella, lo que al final dotará al vino de ese rasgo especial. Cuando finaliza la fermentación, esos azúcares y levaduras añadidos dejan rastro, unos posos llamados ‘lías’, que los bodegueros eliminan para dejar el vino completamente límpido. Esto se hace poniendo las botellas en posición vertical invertida para que esos posos caigan hasta el cuello de la botella. Tras esto, se congela este cuello y se retira el tapón. Por acción de la presión contenida en el interior, estas lías saldrán despedidas junto con un poco de vino. Con la mayor rapidez posible tras haber expulsado las lías, se pone la botella en posición vertical para evitar que se siga perdiendo más vino del inevitable y este líquido perdido se rellena con vino lo más parecido posible al original.

En función del azúcar que lleve este licor extra, el espumoso también tendrá diferentes catalogaciones, desde el más seco (sin azúcares) al más dulce. En el caso de Mantolán, este es catalogado como Brut Nature, es decir, el más seco de la escala, ya que se le añade el mismo vino base que al comienzo de la elaboración, sin azúcar extra.

Como resultado de este viaje, el consumidor podrá disfrutar de un vino fresco, muy sabroso y afrutado, rematado con la sensación agradable que las burbujas del carbónico dejan en boca. Si quieres conocer más detalles técnicos sobre nuestro Mantolán Brut Nature, te recomendamos que consultes la nota de cata.

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SABORES DE LA MANCHA

Si te apasiona la gastronomía Manchega, debes de saber que los platos típicos Manchegos siempre tienen que ir acompañados de un buen Vino de La Mancha.

Te proponemos, como es tiempo de estar en casa, elabores el plato Manchego que más te guste, y lo acompañes con una botella de Torre de Gazate.